jueves, 11 de marzo de 2010

Edenio


Un día de mis manos nacieron mil mariposas blancas a excepción de una; era negra, idiota y no sabía volar. Aun así no le prive la vida, quizá por lástima, o por descuido, supuse criarla junto a todas las demás. A todas durante mil años preste mi atención, hasta que un día mi jardín olvidó toda lepidóptera y prefirió imaginar otras bestias edénicas.

Hace poco supe que de las mariposas que engendré sólo una sobrevivió a mi olvido: La prieta cuya monstruosidad hoy se delata sobre la tierra. ¿Mi desprecio la volvió los suficientemente fuerte y tenaz para no extinguirse? Aún no sabe volar, pero se trata del único recuerdo que tengo de las mariposas como tales; y hoy es la única prueba de vida que supera la belleza.


Lucas Luján

miércoles, 10 de marzo de 2010

El mal


Las plegarias del mudo

son soliloquios en aceite

Los colores y las formas

son signos sofocados para el ciego.

Sobre llamas yace el sordo

a quien la música deleita entre sus dedos.

Pero la peor calamidad es ser poeta.


Ya que...


El mudo advierte el anhelo en su alma

La ceguera pierde el roce real y percibe

Y en el silencio se encuentra la rima perfecta.


Pero el poeta...

sin padecer alguna incapacidad

carga el peso de escribir mortalidades,

y muere sin descifrase como lo que es:

“un sordo de verdades palpables”.



Lucas Luján


domingo, 7 de marzo de 2010

A contraluz



Mi sombra se ciñe en el camino al compás de mis vigilias, se adelanta, después se retrasa, y termina recostándose sobre las flores y las enredaderas y los botones y las gamas solares; trepa por la verjilla cuando ella llega primero y el sol después y de ahí salta al nogal que posa frente al patio, después yo adelanto el paso y llego atrás de ella; mucho tiempo después que el ocaso. Mi sombra es el poniente: Se aferra a mi alma por las tardes, cuando el día mengua con las flores, cuando el augurio de la noche regresa y el barro del estanque se incinera. Me escalda las piernas, aprieta sus grilletes una vez dentro de casa: cada rincón, cada mueble, cada pasillo son testigos de su siniestra belleza que pontifica mi presencia. Mi sombra hasta entonces me es tan clara, ahí, de frente, estampada en la pared donde nada prevalece, excepto el testimonio que les cuento. Ahora lo sé, mi sombra es la peor de mis condenas.


Lucas Luján

miércoles, 3 de marzo de 2010

El escorpión





Sí, le temo al escorpión
a su miel venenosa
de ofertas lejanas
hediendo a muerte tranquila.
¿Cómo no temerle a sus patas de astilla
y sus tenazas de rey antiguo
trepando por mi pecho?
¡Donde protervo encaja su aguijón!
Y el dolor confiesa:
            Que le temo al escorpión inmortal,
a su vejez nublando mis virtudes
¿Pero quién no ha sentido esa índole,
esa su escalinata y condena?
Es mentira que el tiempo pasa ligero
y que las vírgenes son castas de sus promesas
¿Cómo aniquilar al escorpión inmortal entonces?
¿Cómo darle fin a su malicia eterna?
si no hay quien se salve de su tiranía,
ese amor envenenándonos de vida.




Lucas Luján